en un abrazo enredado;
recíbelo con amor,
desátalo con cuidado,
y verás tu corazón
en mi pecho retratado.” —Coplas
Hubo una vez un joven que quería reducir el mundo a lógica pura. Como era muy listo casi lo logra. Cuando terminó su labor, se detuvo a admirarlo. Era bello, puro, sin imperfecciones… definitivo.
Innumerables acres de hielo brillante hasta el horizonte.
El joven listo miró el Mundo creado por él y decidió explorarlo. Dio un paso adelante y cayó de espaldas. Olvidaba la fricción. El hielo era suave, parejo, sin mancha; pero no se podía caminar ahí. El joven lloró amargas lágrimas.
Pero cuando se convirtió en un viejo sabio alcanzó a comprender que ambigüedad y rudeza no son imperfecciones. Son lo que hacen al mundo girar. Quiso reír y bailar y las cosas esparcidas en la tierra estaban rotas, ambiguas, deslucidas. El viejo miró que así eran las cosas, pero algo en él seguía nostálgico por el hielo, donde todo era radiante, absoluto. Implacable.
Aunque había llegado a amar la idea de la tierra áspera, no podía acostumbrarse a vivir ahí. Se encontraba suspendido entre el hielo y la tierra, sin hallar su lugar… Y está era la causa de su pesar.
Fragmento de la pelicula “Wittgenstein” dirigida por Derek Jarman
Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido si bien dulce canto de las sirenas, pero olvido indicarles que cerraran los ojos, y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar…
José de la Colina
Estas anécdotas me las contó el nieto de Andrés Henestrosa (1906-2008), Andrés Webster Henestrosa.
La primera cuenta que un día iba Andrés por una calle del Centro y de pronto pasó una señora y le dijo:
-¿De casualidad es usted Andrés Henestrosa?
A lo que el contestó enfático:
-Sí soy Andrés Henestrosa, pero no de casualidad, ¡que me ha costado mucho trabajo!
La otra cuenta que un día don Andrés salía del brazo de Salvador Novo (1904-1974), de una cantina en Coyoacán, cuando un tipo se les quedo viendo y, con aire de superioridad y cara de repulsión, les gritó:
¡Maricones, cretinos, hijos de la chingada!
Novo se rió y le dijo a Henestrosa;
-Y ¿cómo supo?
A lo que él respondió:
-No sé, pero contigo sí le atinó a las tres.
Anécdota leída en: Revista Algarabia, N. 48 Año XI. Agosto, 2008. p. 63
Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.
Augusto Monterroso.
De un hombre que en su juventud se le conocía como “Hilo Lacre, el barillero de las campanas”….
TESTAMENTO
“Lego a la humanidad todo el caudal de mi amargura.
“Para los ricos, sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida.
“Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia. ¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada en cambio!
“No creí en nadie. No respeté a nadie. ¿Por qué? Porque nadie creyó en mí, porque nadie me respetó. Solamente los tontos o los enamorados se entregan sin condición.
“¡Libertad, igualdad, fraternidad!
¡Qué farsa más ridícula! A la Libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la Igualdad la destruyen con el dinero, y la Fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo.
“Esclavo miserable, si todavía alientas alguna esperanza, no te pares a escuchar la voz de los apóstoles: su ideal es subir y permanecer en lo alto, aun aplastando tu cabeza.
“Si Jesús no quiso renunciar a ser Dios, ¿qué puedes esperar de los hombres?…
“¡Humanidad, te conozco; he sido una de tus víctimas!
“De niño, me robaste la escuela para que mis hermanos tuvieran profesión; de joven, me quitaste el amor, y en la edad madura, la fe y la confianza en mí mismo. ¡Hasta de mi nombre me despojaste para convertirlo en un apodo estrafalario y mezquino: Hilo Lacre!
“Dije mis palabras, y otros las hicieron correr por suyas; hice algún bien, y otros recibieron el premio.
“No pocas veces sufrí castigos por delitos ajenos.
“Tuve amigos que me buscaron en sus días de hambre, y me desconocieron en sus horas de abundancia.
Cercáronme las gentes, como a un payaso, para que las hiciera reír con el relato de mis aventuras, ¡pero nunca enjuagaron una sola de mis lágrimas!
“Humanidad, yo te robé unas monedas; hice burla de ti, y mis vicios te escarnecieron. No me arrepiento, y al morir, quisiera tener fuerzas para escupirte en la faz todo mi desprecio.
“Fui Pito Pérez: ¡una sombra que pasó sin comer, de cárcel en cárcel! Hilo Lacre: ¡un dolor hecho alegría de campanas!
“Fui un borracho: ¡nadie! Una verdad en pie: ¡qué locura! Y caminando en la otra acera, enfrente de mí, paseó la Honestidad su decoro y la Cordura su prudencia. El pleito ha sido desigual, lo comprendo; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto, y entonces, no quedará piedra sobre piedra.
“¡Humanidad, pronto cobraré lo que me debes!…
Jesús Pérez Gaona.
Morelia, a…”*
*En: José Rubén Romero, La vida inútil de Pito Pérez, Porrúa, México, 2006. pp. 182-185
¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.
Julio Torri.
Aquí, al igual que en “muchas partes”, también se puede hallar escrito:
La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura.